Entendamos el Diluvio de Noé, explicado en forma sencilla
Al estilo de los tutoriales que se promocionan como “para tontos” y buscan enseñar temas complicados de manera elemental, intentamos hacer lo mismo para ayudar a las personas de todos los credos – y a los que no tienen credo, también – con datos sobre el Diluvio, Gran Diluvio, o Diluvio de Noé. De modo que cada uno pueda decidir si quiere creer en el registro del Diluvio que leemos en la Biblia cristiana. Evitamos en lo posible utilizar tecnicismos y términos científicos.
¡Fósiles, y más fósiles!
Hay, literalmente, miles de millones de fósiles en toda la Tierra. Son tantos que algunos museos ya no pueden o quieren aceptar más. La presencia de miles de millones de fósiles es muy significativa porque un fósil es la preservación de algo que estaba vivo hace al menos 10.000 años a los ojos de los que creen que la Tierra existe desde entonces. En todo caso, los fósiles son la preservación de algo que estuvo vivo, y contienen tantos detalles que casi podríamos definirlos como imágenes o fotos de la vida que existió.
Como punto de partida, sabemos que la importancia de esta enorme cantidad de fósiles en todo el mundo nos muestra que la preservación de lo que ha muerto no es la norma, sino que el orden de Dios es la descomposición tras la muerte, el regreso al polvo. “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: ... Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo” (Eclesiastés 3:19-20).
Para que se forme un fósil las condiciones tienen que ser inusuales, y por eso, el hecho de que haya miles de millones de fósiles constituye evidencia tangible de que se trata de una desviación de lo que es la norma. Así, cuando contemplamos la posibilidad — o imposibilidad — de que sucediera el Diluvio en tiempos de Noé, empezamos por preguntarnos esto: ¿Cuál es la causa de que se preservaran tantas criaturas muertas en todo el mundo en lugar de que se diera la descomposición que es la norma y designio de Dios, de que el polvo vuelva al polvo?
¡Hay fósiles marinos en altas cumbres! Y dicen que eso no es evidencia del diluvio de tiempos de Noé.
Los evolucionistas te dirán que no es evidencia. De modo que vamos a tomar en cuenta algunos datos y hechos: se han hallado fósiles marinos en montañas de los siete continentes, como tiburones y pulpos en las montañas Rocallosas, o ballenas, tiburones y pingüinos a 4.000 metros de altura en los Andes, y tiburones en los montes Apalaches. La lista sigue, y sigue. Se hallaron fósiles marinos en picos de gran altura, como si se tratara de un cementerio global, después de lo que tiene que haber sido un suceso de muerte masiva. Muchas de las criaturas murieron rápidamente. Aunque esa evidencia podría silenciar de por sí los argumentos en contra del Diluvio, hay que ver también la respuesta de los evolucionistas: “Eso no significa que el agua haya subido en un diluvio e inundación global hasta llegar a los picos de las montañas. Más bien, se sumaron con el tiempo capas de sedimento cerca de las orillas de un antiguo mar que era poco profundo y esas costas luego empezaron a aumentar de nivel, creando montañas. Es decir que las montañas no son más que orillas de mares que se elevaron. Los fósiles marinos que hay en las montañas demuestran que esas montañas antes estaban debajo del mar. No subieron las aguas. Las montañas se elevaron y surgieron desde los mares”.
Es una afirmación que, entre otras, en realidad está motivándonos a creer en la inspiración divina de la Biblia cristiana. Sí, partes de las orillas se elevaron por presión hacia las montañas, y quizá algunas ya eran montes más bajos que llegaron a mayores alturas. O tal vez se hayan formado nuevas montañas. En todo caso, la Biblia concuerda con esto: “Él fundó la tierra sobre sus cimientos; ... Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste” (Salmos 104: 5, 8). Las versiones en lenguaje actual (TLA), lo expresan, por ejemplo, así: “Afirmaste la tierra sobre sus bases... las aguas subieron a los cerros, y bajaron a los valles hasta llegar al lugar que les habías señalado”.
Tendríamos que preguntarnos entonces: ¿Cómo es que hace unos 3.000 años el salmista sabía de geología? No se puede discutir que describe que el lecho del mar formó montañas debido a la presión que lo empujó hacia arriba. Fue recién en la década de 1960 que la ciencia conoció las placas tectónicas, justamente lo que describe en su salmo el autor. No es este, además, el único pasaje bíblico que concuerda perfectamente con la geología y otras ciencias naturales. Pero si esos fósiles marinos hallados en la altura de las montañas no provienen de los océanos que llegaron a inundarlo todo hasta allí ¿no significa eso que no hay forma de demostrar que hubo un diluvio global cuyas aguas llegaron a las cimas más altas? En realidad, no.
Hay capas sedimentarias de rocas en los siete continentes. Son literalmente capas de rocas en las que se encuentran millones de fósiles. No son capas que constituían orillas de mares que fueron empujadas hacia arriba para formar montañas, sino capas formadas por violentas y enormes olas del océano (tsunamis) que inundaron la tierra y fueron depositando capas de sedimento. En la meseta del Colorado se han hallado cantidad de fósiles marinos a alturas de 3.000 m y son estructuras cuya extensión es de entre 560 a 2.400 km de extensión. Si todas estas capas de rocas que hay en los siete continentes se formaron porque el océano inundó la Tierra en un mismo período... siquiera hasta en un mismo año, no sería otra cosa más que una inundación global. Una catástrofe mundial.
No hay vueltas aquí. Los evolucionistas entonces tienen que recurrir a los cambios de fechas y tiempos para afirmar que la inundación de la tierra fue en etapas y a lo largo de millones de años. Si decimos que pasaron millones de años para la formación de capas de roca sedimentaria, evitamos tener que admitir que existe evidencia de un diluvio e inundación en tiempos de Noé. Y allí entran los muy problemáticos medios de datación, como la datación radiométrica. No hace falta ser científico para saber que este método tiene muchas fallas y carencias. Dicho en palabras simples: los científicos tienen que suponer cosas sobre las capas de rocas cuando emplean este método para calcular la antigüedad de esas rocas. Y luego, basan los hallazgos en esas suposiciones, que en varias ocasiones han brindado fechas erróneas. ¿Por qué es que tienen que suponer desde el principio? Porque no son testigos oculares del diluvio e inundación global, y como no hay testigos oculares entonces nadie tendría que suponer las cosas que ellos suponen para sus cálculos. Todos debieran atenerse a la evidencia física que tenemos hoy porque esos fósiles, esas capas de rocas y otras estructuras, nos hablan de su pasado. ¿Qué es lo que podemos ver en los fósiles que nos aleja de siquiera pensar que pasaron millones de años para que esas capas sedimentarias se llenaran de fósiles marinos?
Ante todo, el hecho de que esas capas se conocen también como capas “panqueque” porque son planas y están virtualmente una sobre la otra, como una pila de panqueques. Eso es importante. Porque si hubieran pasado millones de años entre una capa y la otra, ¿dónde está la erosión notable, que representaría el paso de todo ese tiempo? ¿No se habrían erosionado del todo? Claro que sí. Sin embargo, las capas no están erosionadas y siguen allí prolijamente una sobre otra, al punto de que se pueden inspeccionar a simple vista. Siguen siendo planas, apiladas. Por eso no hay señales del paso de millones de años, y decirlo no es una suposición. Es un dato verificable. Todos sabemos lo que es la erosión. Nos preguntamos por qué no se observa la erosión que tendríamos que ver si hubieran pasado millones de años. Y la respuesta es que no hubo tiempo para la erosión. Hubo una catástrofe global que no dio tiempo para que la erosión actuara. No es una suposición. Porque tenemos “fotos” de la catástrofe en el registro fósil.
Los fósiles que aparecen en esas capas de roca en todo el mundo nos hablan de que sí hubo una catástrofe mundial. Muchos de los animales fosilizados murieron rápidamente. Algunos tal vez murieron casi instantáneamente porque hay fósiles de animales que murieron dando a luz a sus crías. Hay fósiles que muestran la presa en la boca de su depredador. Ambos murieron juntos, cazador y presa, y eso indica muerte instantánea. También murieron cardúmenes de peces, todos juntos, mientras nadaban. Hay fósiles de pulpos que muestran intactos sus sacos de tinta, cuando los sacos de tinta empiezan a descomponerse a pocas horas de que muera el animal. Algunos incluso tienen sus tentáculos desplegados, en la posición natural que tienen cuando están vivos. Hay fósiles de insectos con sus alas abiertas, lo que indica que estaban volando. Y hay medusas sin descomponerse formando barro — algo que sucede en menos de veinticuatro horas tras su muerte — de modo que quedaron enterradas cuando estaban vivas. Claramente, pasó algo catastrófico en todo el mundo. El diluvio de los tiempos de Noé no fue solamente una lluvia que duró cuarenta días y cuarenta noches. Génesis 7:11 también nos dice que “aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo”. Ese abismo es el lecho de los mares, el fondo del océano.
Es extraño que la Biblia describa algo que a los seres humanos les llevó miles de años descubrir y conocer: que bajo el lecho del océano hay enormes cantidades de agua y que el lecho del océano estalló como en una erupción. ¿Cómo lo sabía el que escribió ese texto? Los científicos modernos admiten que bajo el lecho del océano hay agua y que hubo violentas explosiones que partieron el fondo de los océanos. Y que el agua que surgió se mezcló con el agua de los océanos antiguos, menos profundos, y que también se mezcló con el agua de la lluvia. No extraña entonces que quedaran cubiertas las cimas de los montes. Lo que sí tiene que resultar extraño es cómo podría el autor de Génesis saber que bajo el lecho del océano hay agua, y que hubo explosiones que hicieron surgir esas aguas. Eso apunta directamente a conocimiento por inspiración divina.
No tiene sentido en absoluto que se intente separar de a millones de años a las capas de roca que depositaron las olas de los océanos que cubrieron la tierra. Eso sucedió dentro de un mismo año y nadie puede negar que los fósiles aparecen en todos los continentes, que son fotografías instantáneas de una catástrofe global. También hay catástrofes naturales en tiempos modernos y no hay ninguna duda de que no podemos confiar en lo que digan los evolucionistas sobre los tiempos, y menos aún cuando se trata de una catástrofe.
El monte Santa Helena: ¡el pequeño Gran Cañón que se formó en un solo día!
Los científicos que creen en la evolución nos dicen que las capas de roca del Gran Cañón se formaron a lo largo de unos 1,8 mil millones a 270 millones de años. Dicen que el Gran Cañón tardó entre 5 y 6 millones de años en formarse. Pero en 1980 sucedió algo: entró en erupción el monte Santa Helena y esa “pequeña” catástrofe produjo un corte en el sistema de cañón de hasta 43 metros de profundidad cuya parte más famosa es el Pequeño gran Cañón. Solo se requirieron tres años para que alcanzara esa profundidad. Los geólogos explicaron que el sistema del cañón y las capas de roca podrían formarse tan rápido gracias al sedimento blando y la enorme cantidad de agua. Entonces, en el diluvio e inundación de tiempos de Noé ¿no habría también sedimentos blandos y cantidades enormes de agua? No pensemos siquiera en confiar en los métodos de datación de los evolucionistas, que ni por un milenio logran atinar con las fechas y edades correctas. Además, la formación del Pequeño Gran Cañón es tan solo uno entre tantos ejemplos contemporáneos de lo que es el engaño de la teoría evolutiva y los así llamados “cálculos científicos” de la antigüedad de las cosas.
Carbón, varvas y dunas de arena que tampoco son demostración del paso de millones de años
Los científicos señalan que la prueba del paso de millones de años son el carbón, las varvas y capas de dunas de arena en las capas planas de roca porque son cosas que se forman a lo largo de millones de años. En realidad, no hace falta que aprendamos qué son las dunas de arena, las varvas y el carbón. Porque ya vimos lo suficiente como para saber que los evolucionistas juegan con los tiempos para engañar. Para simplificarlo todo, la erupción del Monte Santa Helena nos enseñó que las estructuras que supuestamente se forman a lo largo de millones y miles de millones de años de hecho pueden formarse en un día o apenas unos pocos años.
En cuanto al carbón, al romperse el supercontinente conocido como Pangea, tienen que haberse quebrado y enterrado en las capas de sedimentos bosques enteros.
Pangea: el super continente del mundo antiguo
Ya sabemos que el mundo prediluviano era un super continente. Los geólogos han encontrado al mismo animal en los siete continentes. El listrosaurio, un dinosaurio pequeño, se ha hallado en Brasil, Sudamérica y también en Sudáfrica. El listrosaurio no nadaba ni volaba, de modo que ¿cómo llegó a estar en ambos lados del océano? También se hallaron fósiles de cocodrilos en el polo norte. Y hojas de palmeras y cocodrilos fosilizados en Canadá. Y bosques, sepultados bajo 3 km de hielo.
Una vez más encontramos que la Biblia registra esta información miles de años antes de que la ciencia la descubriera: “Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares... (Génesis 1:9-10).
Los animales del arca de Noé, y los conceptos erróneos
A menudo se esgrime un argumento para negar la validez del arca de Noé: que habría sido imposible llevar siquiera una pareja de cada especie de animales a bordo de una nave. Ante todo ¿cómo los podía atrapar Noé? Y también, el arca no podría haber llevado más de un millón de animales.
Los científicos que creen en lo que dice la Biblia nos recuerdan todo el tiempo que Noé no salió a cazar o atrapar animales. Las Escrituras nos dicen directamente que Dios se los envió: “De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida” (Génesis 6:20). Dios le envió los animales a Noé.
Gracias a Dios porque hay científicos cristianos que además nos recuerdan que el Señor envió dos de cada especie. Es una gran diferencia. No envió un tigre macho y una tigresa, un leopardo macho y una hembra, un león y una leona, macho y hembra de chita, de lince, etc. Envió una pareja de felinos. Un macho y una hembra que eran felinos. ¿Cuál de los felinos? No lo sabemos, y no importa. Eran felinos. Lo mismo puede decirse de los caninos y del resto de los animales. No dos lobos, dos coyotes, dos pastores alemanes, etc., sino un macho y una hembra de caninos. De cada pareja luego se desprendieron los diferentes animales que pertenecen a las mismas familias.
Sin embargo, los evolucionistas afirman que ese desprendimiento, las ramas de cada familia, requieren millones de años para que aparezcan. Si el diluvio de los tiempos de Noé sucedió hace poco más de 4.000 años ¿cómo es que hay ahora tantos animales diferentes en cada familia? Se ha demostrado que ese proceso no tarda miles o millones de años. Dejamos como evidencia aquí el vínculo a un artículo brillante (en inglés) sobre el tema: The Case for Rapid Speciation. (Se puede utilizar la traducción automática para verlo en español).
¿Por qué hay tanta controversia y debate sobre el diluvio de tiempos de Noé?
Llegará una catástrofe destructiva mundial y por la misma razón por la que llegó el diluvio de la época de Noé: la falta de fe y santidad del mundo, la violencia y degradación, y el Dios de Israel pondrá punto final a todo eso. Cuando abrimos los ojos a la verdad del diluvio global de los tiempos de Noé vemos que tenemos entonces tiempo para arrepentirnos y prepararnos para el juicio de fuego global que vendrá. Leemos lo que nos dicen las Escrituras: “...pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos... y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:7,10).
Jesús habla del juicio que llegará, a un mundo tal como lo era en tiempos de Noé, y será entonces que Él vendrá (Mateo 24:37-39).
¡Qué fuego será el que queme un planeta cuya superficie es más del 70% agua, con océanos que existen debajo de los océanos!
“...porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:29).
Traducción al español por Karin F. Handley