Muchos defensores del vegetarianismo y el veganismo "cristianos" enseñan que las carnes de todo tipo son un alimento antinatural. Señalan que, antes del gran diluvio, el vegetarianismo y el veganismo predominaban en el mundo, y el hombre alcanzaba edades superiores a los 900 años. Estos defensores destacan el hecho de que, tras el diluvio, cuando se incorporó la carne a la dieta humana, la esperanza de vida disminuyó inmediata y drásticamente a poco más de 100 años. Los partidarios del vegetarianismo y el veganismo cristianos intentan desdibujar los hechos utilizando la voz pasiva: "se añadió". "Cuando la carne *se añadió* a la dieta del hombre". La carne no se añadió a la dieta humana simplemente de forma pasiva; fue añadida *por* alguien. ¿Quién es ese alguien? Ese alguien es el Señor mismo (Génesis 9:3).
Análisis de las creencias cristianas sobre el vegetarianismo y el veganismo
Estos argumentos a favor del vegetarianismo cristiano contradicen abiertamente la Biblia. Cuando Noé y su familia salieron del arca, Dios les habló diciendo: "Todo lo que se mueve y vive, os servirá de alimento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo" (Génesis 9:3). Si la carne fuera antinatural, y si su consumo fuera tan perjudicial como para restar cientos de años a la vida de quienes la ingieren, ¡los vegetarianos y veganos cristianos tendrían que afirmar que Dios dio un mal consejo a la humanidad!
Si el retorno al vegetarianismo y al veganismo tuviera siquiera una remota capacidad de devolver al hombre la longevidad de la que disfrutaba antes del diluvio, ¿por qué nadie —ni siquiera quienes han sido vegetarianos o veganos desde su nacimiento— ha vivido jamás ni siquiera un par de siglos?
Una vez más: fue Dios, y no el hombre, quien incorporó la carne a la dieta humana. Oponerse al consumo de carne equivale a oponerse a un mandato divino. Algunos cristianos argumentan que no consideran la incorporación de la carne a la dieta humana como un mandato de Dios, sino más bien como una opción. Sin embargo, sí consideran un mandato la instrucción original de comer frutas, verduras y hierbas que aparece en Génesis 1:29. ¿Cuál es la diferencia? Cuando Dios ordena comer alimentos de origen vegetal en Génesis 1:29, utiliza una forma imperativa al dirigirse a Adán. Cuando ordena a Noé y a su familia incorporar carne a su dieta en Génesis 9:3, vuelve a utilizar esa misma forma imperativa. Afirmar que una cosa es un mandamiento y la otra no, supone un uso arbitrario de las Escrituras para respaldar aquello que uno desea -o no desea- creer.
También se sostiene que a la dieta vegana no le falta ningún nutriente esencial para la salud... salvo la vitamina B12. ¿Acaso hace Dios que la vitamina B12 aparezca milagrosamente en el organismo de los cristianos veganos? ¿Elimina milagrosamente la necesidad de vitamina B12 en el cuerpo de sus siervos?
Adoptar el vegetarianismo o el veganismo por periodos breves puede resultar muy beneficioso para la salud. Lo que no se encuentra en las Escrituras es la práctica del vegetarianismo o del veganismo a lo largo de toda la vida por parte de los siervos de Dios posteriores al Diluvio.
Para concluir, hay una pregunta que todos los cristianos vegetarianos y veganos podrían plantearse. El capítulo 12 del libro del Éxodo, versículos del 1 al 11, relata la institución de la Pascua. Dios instruyó a Israel para que tomara un cordero sin mancha (sin defecto), un macho de un año, ya fuera de las ovejas o de las cabras. El cordero debía ser sacrificado y su carne consumida. La parte final del versículo 11 dice: «...es la Pascua del Señor». Cualquier cristiano vegetariano o vegano de la actualidad puede preguntarse qué habría hecho de haber formado parte de Israel durante la Pascua. ¿Habría rechazado la Pascua del Señor diciendo: «Señor, no puedo participar de tu Pascua porque soy vegetariano» o «porque soy vegano»?
El pasaje de 1 Timoteo 4:1-3 dice: «Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos...».