Hay millones de parejas, al menos en EE.UU., que se identifican como marido y mujer aunque no tienen certificado de matrimonio ni se han casado en una iglesia. Y además, muchos de ellos se identifican como cristianos que creen lo que dice la Biblia. Por eso vamos a analizar de manera sencilla sus afirmaciones, a la luz de las Escrituras, para encontrar la respuesta a la pregunta de si están casados a los ojos de Dios. En EE.UU. muchas de estas parejas pueden tener lo que se conoce como matrimonio de la Ley Común (la figura legal en algunos países es “concubinato”) porque han convivido durante años e incluso tienen hijos de esa convivencia. Pero ¿qué ve el Señor en ese matrimonio de Ley Común? Vamos a averiguarlo.
Afirmación:
“¡No tener certificado de matrimonio no me convierte en fornicario! El certificado no es más que un papel, emitido por los humanos. Mientras como pareja nos seamos fieles y mantengamos nuestro compromiso, estamos igual que casados que quienes se han casado por iglesia o quienes tienen un certificado de matrimonio. ¿No vemos en la Biblia que Isaac solo llevó a Rebeca a su tienda? No tenían certificado de matrimonio ni ceremonia. La Biblia ¡dice que Rebeca era la esposa de Isaac! De modo que yo llevé a mi novia a casa, mi “tienda” moderna. Eso la convierte en mi esposa.”
Respuesta bíblica:
Cuando leemos que Isaac llevó a Rebeca a su tienda y que Abraham tomó a Sara por esposa, no se nos dice que tan solo tomaron a las mujeres y empezaron a vivir con ellas y las llamaron esposas. No. Tenemos prueba de que hubo alguna clase de ceremonia, ritual, o algo que anunciaba y sellaba un acuerdo vinculante de matrimonio como esposo y esposa.
En el capítulo 24 de Génesis donde leemos del matrimonio de Isaac con Rebeca, leemos que el padre de Rebeca, Betuel, y su hermano Labán le dieron a Isaac a su hija y hermana Rebeca como esposa. Isaac y Rebeca no fueron simplemente a vivir juntos. A Isaac le fue entregada Rebeca en matrimonio.
Leemos (en Génesis 24:50-51): “Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová”.
En el mismo capítulo se nos dice que Betuel era el padre de Rebeca y que Labán era su hermano. Dos hombres con autoridad para entregarla en matrimonio. En el versículo 58 del mismo capítulo vemos que Betuel y Labán le preguntan a Rebeca si quiere ir con el criado para ser esposa del hijo del amo de ese criado, Isaac. Rebeca dijo que sí. Es el equivalente al “Sí, quiero”. Cuando Isaaac la lleva a su tienda, también está diciendo “Sí, quiero”. Era un matrimonio real. Rebeca no dijo “sí, quiero” antes de que su padre y su hermano dieran su consentimiento para que fuera esposa de Isaac. Incluso vemos que el criado de Abraham les dio a la madre y el hermano de Rebeca joyas, plata y oro, por ella. ¿De veras pagarías joyas, plata y oro por una novia?
Es por lo que la Biblia habla de que la gente estaba “casándose y dando en casamiento”. La Palabra de Dios nos muestra que los hombres toman una esposa. ES decir que se casan. Pero las mujeres son dadas en matrimonio por alguien con alguna autoridad. En aquellos tiempos quien daba en casamiento era el padre o un hermano mayor de la mujer.
También leemos “…se casaban y se daban en casamiento” en Lucas 17:27. En la Biblia se habla reiteradas veces de casarse y dar en casamiento, también en otros pasajes como Mateo 22:30, Mateo 24:38 y Lucas 20:34-36. Elegimos citar el pasaje de Lucas 17:27 porque elimina dudas de quién se casa y quién es dada en matrimonio. “Se casaban” apunta a los hombres porque, aunque el lesbianismo existe desde la antigüedad, las mujeres no se casaban con mujeres. Y “se daban en casamiento” apunta a las mujeres específicamente. En el pasaje de Lucas 17:27 también hay una referencia a que la gente se casaba y se daba en casamiento en tiempos de Noe. Así que ya desde el libro de Génesis vemos que el matrimonio consistía en hombres que se casaban y mujeres que eran dadas en casamiento.
Recordemos que los cristianos somo la Esposa de Cristo. En el libro de Juan Jesús dice que el Padre Le ha dado a los creyentes. Así como Rebeca, nosotros decidimos si decimos que sí o que no, si queremos o no ser Su esposa. Una mujer no se da a sí misma como esposa. Ni siquiera Eva se dio a Adán como esposa. No tenía padre o hermano que la diera, pero tenía que ser dada en matrimonio. Porque a las mujeres se las da en matrimonio. No se dan a sí mismas en matrimonio. Lo hace alguien más. Por eso el propio Señor le dio a Eva a Adán en matrimonio. “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:22). Claro que habría sido posible que Adán y Eva se encontraran y tan solo empezaran a vivir juntos. Estaban en el mismo jardín. Pero en cambio vemos que Dios le dio a Adán a su esposa Eva. No fue Adán quien simplemente la tomó por esposa. Y no fue Eva que se entregó a Adán.
El matrimonio es algo muy serio a los ojos de Dios. El mundo tal vez honra el matrimonio de ley común o la convivencia, pero nosotros no somos del mundo. Tenemos que hacer las cosas en obediencia a la ley de Dios. De otro modo, cometemos fornicación o adulterio… dos pecados extremadamente graves. La ceremonia nupcial no solo permite que se entregue a la mujer, sino que además se cumple la condición bíblica de los testigos. El apóstol Pablo dijo en 2 Corintios: ”Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto” (13:1). No ponemos en duda que haya parejas que declararon lo que llaman votos. Pero nadie puede ser testigo de sí mismo. El único que puede ser testigo de Sí mismo es Dios. Así que ¿Quiénes fueron los testigos del matrimonio de Adán y Eva? El Señor fue su testigo. Y el Señor está en tres Personas: Dios, el Verbo, y el Espíritu Santo. Por lo tanto, el matrimonio de Adán y Eva se estableció en la tierra y en el cielo ante el testigo más grande que existe. La Biblia nos dice: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan” (1 Juan 5:7-8). Entendemos que el problema de la soltería entre los cristianos sinceros es grave en todo el mundo… un problema que muchos cristianos casados no comprenden, y que les importa a pocos. Eso implica que muchos solteros que son cristianos y creyentes sinceros se hallan ante un triste dilema que parece irresoluble. Sin embargo, los seguidores sinceros de Cristo se niegan a vivir en fornicación, pecado que impide heredar el reino de Dios (1 Corintios 6:9).
Traducción al español de Karin F. Handley