Si la salvación solo está en Cristo, ¿cómo se recibía la salvación antes de que éste naciese?

El pasaje bíblico más conocido del mundo (San Juan 3:16) es uno de muchos que cita el cristiano medio al extenderse sobre la verdad de que la salvación de nuestra alma solo está en Jesús. El tema es que casi siempre se limita a las escrituras del Nuevo Testamento...el Testamento bajo el cual nació Cristo. Pero ¿qué hay de la salvación en el Antiguo Testamento? En esa época también había santos. ¿Cómo recibían la salvación siendo que el Salvador aún no había nacido?

La salvación siempre ha estado en Cristo... incluso antes de que éste naciese

Algunos dirán que antes de que Jesús naciese, la salvación estaba en la sangre de los animales sacrificados bajo la ley mosaica. Esa no puede ser la respuesta, porque Dios tenía santos que Le servían incluso antes de que viniese la Ley. Por eso vamos a retroceder en el tiempo, hasta el Génesis, el primer libro de la Biblia, y el que relata el origen del mundo. Entre los santos de aquella época están Abel, Noé, Enoc, Abraham, Isaac, Jacob, y la lista podría continuar. Pero solo tenemos que hablar de algunos de ellos para que pueda ver que nunca ha habido una época en la que la salvación estuviese en otra fuente que no fuese el Mismo Cristo.

Abel tenía fe en Cristo

No hay duda de que Abel era salvo, porque era uno de los profetas de Dios, todos los cuales eran salvos. Jesús confirma esto al incluir a Abel cuando habló de los profetas de Dios (Lucas 11:50-51).

Abel se dedicaba a pastorear ovejas (Génesis 4:2). Y leemos: "Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda" (Génesis 4:4).

Ahora bien, tenemos que preguntarnos ¿en qué estaba pensanda Abel cuando presentó a Jehová su ofrenda...una oveja sacrificada? No lo sabemos exactamente, pero lo que sí sabemos es que definitivamente estaba en contacto con Dios. La Biblia revela que Jesús es el Cordero de Dios que fue sacrificado por un mundo de pecadores (San Juan 1:29, 36, 1 Pedro 1:19, Apocalipsis 5:12). Aunque Abel no sabía el nombre del Salvador, no hay duda de que escuchó algo de Dios sobre un sacrificio de sangre. Y no fue casualidad que sacrificara un cordero, lo cual manifiesta el contenido de su corazón hacia Dios. Lo que fuera que escuchara está relacionado con que la sangre derramada del Cordero de Dios es nuestra ofrenda por la cual Él nos acepta.

"El Cordero que fue inmolado es digno..." (Apocalipsis 5:12).

Sabemos que Abel tenía fe en la suficiencia del sacrificio del Cordero, lo cual le impulsó a presentarle a Dios su ofrenda.

"Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo..." (Hebreos 11:4).

Abraham tenía fe en Cristo

Leemos: "Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac...su unigénito, pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir" (Hebreos 11:17, 18).

Acabamos de leer que Abraham creía en el poder de Dios para resucitar a los muertos. En obediencia iba a sacrificar a su hijo unigénito, pensando que, aunque tuviese que cumplir con el sacrificio, que Dios puede resucitarlo. Esto no es nada menos que un creer en el poder de Dios para resucitar a los muertos. ¿Nos acordamos de las palabras del Cordero de Dios? Dijo: "Yo soy la resurrección..." (San Juan 11:25).

Abraham creía en el poder de la resurrección que tiene Dios. Ese poder se llama Jesús, así que creía en Jesús, aunque no sabía el nombre de su Salvador.

Muchos santos del Antiguo Testamento creían en Jesús

Leemos: "Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra" (Hebreos 11:12-13).

Si lee hasta el versículo 16 del capítulo 11, verá que esa gente esperaba vivir en una ciudad celestial aunque sabían que iban a morir. Ahora bien, ¿cómo esperas vivir en una ciudad celestial después de que mueras a no ser que creas que vas a resucitar? Confesar que eres un extranjero y peregrino sobre la tierra habla de que crees que vas a vivir después de que dejes este mundo. Traducción: Confiesas tu creencia en la resurrección. Y ¿quién es la resurrección? Jesús lo es (San Juan 11:25).

Esto es solo la punta del iceberg. Jesús aparece en toda la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. Y todos los santos de Dios alcanzaron la salvación por medio de su fe en él...el Cordero de Dios...el poder de la resurrección.

Artículos recomendados:

¿No fue Jesucristo en realidad un semidios? ¿Mitad hombre, mitad Dios?
¿Quién era Jesús, el unigénito de Dios?

¿Comentarios o preguntas?